¡Hosanna!

Sus discípulos no entendieron estas cosas al principio, pero cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que habían sido escritas acerca de él y que ellos las habían cumplido.

Hemos llegado al Domingo de Ramos que abre las puertas de la Semana Santa. Durante el día de hoy hemos participado de la Celebración de la entrada de Jesús en Jerusalén con la procesión de las palmas y, después, en la celebración de la Eucaristía, hemos escuchado atentamente la proclamación de la Pasión según san Marcos.

La liturgia del ciclo B permite elegir, en la bendición de los ramos y palmas, entre el evangelio de Marcos o el de Juan. El evangelista Marcos, como todos los demás, resalta que Jesús programa esta entrada triunfal en Jerusalén. Jesús entra en la ciudad santa, cumpliendo las profecías y calcula los gestos. La gente, que espera un Mesías-rey, lo aclama "¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel! Pero Jesús no se proclama rey al estilo de lo que ellos esperan, ni tampoco al estilo de lo que esperan las autoridades religiosas que acabarán buscando la manera de entregarlo y matarlo. Sin embargo, Jesús ha realizado el gesto, dando la oportunidad al pueblo. Jesús, ha cumplido la voluntad del Padre.

A partir de aquí, conocemos la historia, Jesús se retira a Betania y, cuando llegue el momento, preparará todo con detalle para poder cumplir con el encargo del Padre: entregar su vida hasta la Cruz y la muerte. Así lo contemplamos en la Pasión: tras la tremenda crisis del huerto de los olivos, donde Jesús queda solo ante lo que se avecina, Jesús avanza decidido sufriendo la pasión y la muerte. Jesús obedece, sufriendo, a la voluntad del Padre.

Jesús, como hombre perfecto, impulsado por el Espíritu, ha seguido la voluntad del Padre. Se ha entregado libremente, dejando que se cumpla la voluntad del Padre en él. Y los discípulos, sin entender muy bien lo que sucedía, ven quebrados sus sueños de grandeza y poder. Jesús con su entrega ha dejado bien claro que el Mesías prometido es el siervo sufriente que entrega su vida por amor. Todo el relato de la pasión pone en evidencia cómo los que contemplan a Jesús, rechazándolo, están llevando el plan de Dios adelante. El Padre contaba con el rechazo de las autoridades y del pueblo y con el lavado de manos de Pilato, pero, también contaba, con la obediencia y entrega de Jesús.

El evangelista Juan lo dice bien claro: sus discípulos no entendieron estas cosas al principio. Tras la Resurrección comprenderán que éste era el plan de Dios sobre Jesús y sobre la humanidad y que ellos colaboraron, sin saberlo, en que ese plan siguiera su curso: cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que habían sido escritas acerca de él y que ellos las habían cumplido. Es la Resurrección la que ilumina el sentido de la vida y la entrega y muerte de Jesús. Es la Resurrección y su presencia entre nosotros la que sigue iluminando nuestra entrega a su voluntad.

La oración colecta de la misa de hoy resume muy bien cuál debe ser nuestro sentimiento a la entrada de esta semana santa:

DIOS todopoderoso y eterno, que hiciste que nuestro Salvador se encarnase
y soportara la cruz para que imitemos su ejemplo de humildad (entrega), concédenos, propicio, aprender las enseñanzas de la pasión y participar de la resurrección gloriosa.

Feliz Semana Santa.

J.A.

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