Ellos le rogaban que se marchase
En el evangelio de hoy encontramos la
curación realizada por Jesús en el territorio de los gerasenos a un endemoniado.
El evangelio nos describe los efectos que provocaba en el poseído por el mal:
vivía en los sepulcros, se hería a sí mismo y ya nadie podía sujetarlo, se
rebelaba contra toda posibilidad de sanación: ¿Qué tienes que ver conmigo,
Jesús, Hijo de Dios altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes.
Pero Jesús toma la iniciativa ante esta
persona destrozada por su mal: «Espíritu inmundo, sal de este hombre».
Es el Señor quien se adelanta a curar a quien no quiere ser curado y
liberado. El mal lo ha atado hasta el punto de no desear la liberación.
Una vez que Jesús sana al poseído, él
recobra la dignidad plena: encontraron al poseído sentado, vestido y en su
juicio. La reacción de los paisanos del endemoniado es llamativa ya
que sienten miedo ante la presencia de Dios que es capaz de sanar lo
absolutamente perdido y de recobrar al desechado que lo ha hecho volver de los
sepulcros a la comunidad.
Los Gerasenos le piden que se vaya de su
tierra, en cambio, el sanado le pide seguirlo. Pero Jesús que ve que su
testimonio va a ser útil entre los suyos no le permite que lo siga, sino que lo
envía a evangelizar entre los suyos proclamando lo que el Señor ha hecho
contigo y que ha tenido misericordia de ti.
La misión de este hombre no está se ser
del grupo que sigue a Jesús directamente, sino de anunciar entre los suyos, que
le han pedido a Jesús que se aleje, la bondad y misericordia de Dios. Este
hombre con su testimonio ha llegado donde no permitían los demás que Jesús
llegase. Por eso el hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis
lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.
Dejarnos sanar de todo lo que nos quita
la dignidad, reintegrarnos en la Comunidad, aceptar que la propia Comunidad no
acabe de ser sanada por el que todo lo puede y que le tenga miedo, ser enviados
donde no pretendemos, no formando parte de los que figuran de manera directa
con Jesús, sino en territorio hostil a Jesús… es una realidad que acontece en la
Iglesia. Es la misión no oficial, la no reconocida, la silenciosa, la que
pasa a ser de segunda clase… pero la animada y estimulada por Dios que quiere
llegar a todos sea como sea.
Buen Lunes y buena semana.
Comentarios
Publicar un comentario