Ha llegado la hora
“Ahora
el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre
la tierra, atraeré a todos hacia mí”. El príncipe de este mundo, el mal va a ser vencido, pero,
curiosamente, será vencido entregándose Jesús a la muerte, dejando que triunfe “aparentemente”
el mal. Aparentemente porque Jesús obedece al Padre y entrega su vida en manos
de los que quieren acabar con él y esta victoria “aparente” abre el paso a la
mañana de Pascua, cuando el sepulcro vacío apunte a la Resurrección.
El resucitado nos invita a hacer la experiencia
de la Pascua, un año más. Nos
invita a acompañarlo en su entrada triunfante como Rey en Jerusalén, nos invita
a compartir su mesa en la que nos ofrece su cuerpo y sangre, como anticipo de su
entrega en la Cruz. Nos invita a compartir su desprecio del mundo que espera
otro tipo de salvador y la angustia en el huerto al aceptar plenamente lo que
le viene encima. Nos invita a contemplarlo injustamente acusado, burlado,
escarnecido… y condenado hasta darnos ejemplo de perdón y entrega en la Cruz.
Nos invita a esperar su manifestación gloriosa resucitado, trayendo los signos
de la pasión en su cuerpo.
Para eso ha venido al mundo, así nos lo
recuerda el evangelio de hoy: por esto he venido, para esta hora.
La hora de Jesús es la hora de la entrega por amor. El Padre le ha pedido que
entregue su vida. Va a refrendar con su propia entrega sus propias palabras: si
el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da
mucho fruto.
Nos muestra el camino, que fue el suyo: El
que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este
mundo, se guardará para la vida eterna. Y podemos estar seguros, que
como vive resucitado no nos puede abandonar ni en esta vida ni en la otra. Sólo
nos pide confiar en él y en este camino misterioso de la cruz que lleva a la
vida plena y a la vida eterna. Por eso nos recuerda, que para los que confían
en él la cruz, lejos de alejarlos y espantarlos, les mostrará el triunfo de la vida sobre la
muerte, de la obediencia al Padre, sobre el mal: Y cuando yo sea elevado
sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.
Feliz Domingo de Pasión.
José Andrés.
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