Dios está mucho más allá
En el día de
la Presentación del Señor en el templo quiero hacer público mi testimonio de
adhesión al papa Francisco. Hace hoy casi seis meses recibí una llamada del
papa. Viajé a Roma solo y allí hice mis ejercicios espirituales. Los motivos
internos eran especiales y el impulso era ir a la ciudad de los apóstoles, Pedro
y Pablo, y de los mártires, para los que toda referencia a la vida eterna y la
Resurrección era fundamental. Los símbolos de la Resurrección se expanden por
las catacumbas: una iglesia viva y martirial, para la que el horizonte y
destino último es la vida con el Resucitado.
La vuelta
por la ciudad a los lugares singulares de santos y santas se volvió peregrinación
para mí. El día 5 de agosto estuve en Santa María la Mayor y allí pude averiguar
que el papa Francisco volvería el día 7 de agosto a dar las gracias por la JMJ
de Lisboa, en la que resonó contundente aquel “todos, todos, todos”.
Después de
haber estado en día 6 en san Pablo extramuros, celebrando la Transfiguración, junto
a la tumba del apóstol, en un lugar tan importante para mí… el día 7 me aventuré
a regresar a Santa María la Mayor por si coincidía con el papa.
La sorpresa:
coincidir con él y entregarle en mano una carta. Él entró en silencio, oró ante
el icono de la Salus Populi Romani y salió en silencio. No me atrevía a romper
el protocolo y entregar en mano la carta. Pero el impulso fue mayor, salté por
encima de algún banco y grité: ¡Francisco, gracias por lo que haces por la
Iglesia! Y le entregué la carta.
A los dos
días recibía una llamada del propio papa, dándome las gracias por el contenido
de la carta. El contenido de la carta era agradecer profundamente esta década
de entrega del santo Padre a la Iglesia en la que se ha tomado muy en serio la
vuelta al Evangelio: poner el evangelio en el centro mismo de la Iglesia. Una
década en la que lo previsto en la “evangelii gaudium” él lo ha ido cumpliendo
puntualmente con sus palabras y sus gestos, con su vida. Una década en la que
se ha recuperado el espíritu del Concilio Vaticano II, en serio, sacándolo del congelador
y en la que se ha llevado la misión a las periferias de todo tipo, incluidas
las existenciales.
En esta
década muchos no hemos abandonado la Iglesia precisamente por estar al frente
de ella Francisco. Nos hemos sentido acogidos y tenidos en cuenta hasta este
último gesto de Fuducia supplicans. La maternidad de la Iglesia se ha
hecho efectiva con el papa Francisco, acogiendo a todos y todas, sin
excepciones. El Cardenal Zuppi decía el otro día: la Iglesia no es un hotel, es
un hogar. Y en esa carta le recordaba algo que se decía de Juan XXIII, que era párroco
del mundo.
Toda esta labor con persecuciones y
fuertes rechazos. A lo que él dijo muy claro por teléfono: “Dios está mucho más
allá de todo eso”. En esta carta animaba a seguir adelante con el testimonio y
la entrega con esa libertad que da el Espíritu Santo a todos los que impulsa a
la misión.
Hoy es el día de la vida consagrada y
la vida religiosa. El Señor al ser presentado al templo, inaugura nuestras presentaciones
al Padre de nuestras personas. Y, al ser presentado, toma posesión de su
templo. Como en las consagraciones personales y religiosas: El Espíritu
impulsa, el espíritu concede los carismas y dones y el Espíritu abre camino y
capacita para la misión.
El consagrado no se pertenece.
Pertenece al Señor y ha de entregar los dones recibidos para ser fecundo. Cada cual,
con su carisma particular y personal, sabiendo que la iniciativa la ha tomado
el Señor y es el Señor quien arrastra hacia él al que se entrega.
Leo hoy con alegría que la cúpula de
la Iglesia española está sin reservas con el papa Francisco. Mi esperanza es
que los latinismos cum Petro (con Pedro) et sub Petro (bajo
Pedro) y el viejo adagio Ubi Petrus, ibi ecclesia (donde está Pedro está
la Iglesia) sean de corazón y sin fisuras porque el papa ha reorientado la
marcha de la Iglesia hacia lo verdaderamente importante y nuclear del evangelio:
la compasión, cercanía y misericordia de Dios para “todos, todos, todos”.
José Andrés.
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