Epifanías
Celebramos la fiesta más antigua de
la Navidad: la Epifanía. El día de los Reyes. La palabra Epifanía significa “manifestación”,
“revelación”. En esta fiesta celebramos la manifestación del Señor a todos los
pueblos. En la liturgia preconciliar el domingo siguiente al de Epifanía, como
en la actualidad, era el del Bautismo del Señor (otra Epifanía) y el siguiente
se proclamaba el Evangelio de las Bodas de Caná (el primer signo de Jesús,
según el Evangelio de Juan, otra Epifanía).
El relato de Mateo nos cuenta cómo
unos Magos de Oriente, paganos que desconocen las escrituras, pero saben leer
las huellas de Dios en el firmamento, han visto salir una estrella que marca el
nacimiento de un Rey. Los magos, como bien leía en un comentario de un amigo
mío, aplican la lógica y van al centro del poder: se presentan en Jerusalén y
preguntan al rey Herodes. El sobresalto el rey ante la noticia del nacimiento
del Rey expresa el apego al poder hasta sentir el miedo a que se le pueda ser
arrebatado. El rey Herodes hace lo que hacen todos los “instalados en el poder”
que se sirven de los demás para perpetuarse en el dominio: utilizar a los
demás. Herodes es espejo de la corrupción del poder.
El rey, tras informarse bien de dónde
debía nacer, según las escrituras…. Los utiliza y los manda a Belén, pidiéndoles
que le informen. Los expertos oficiales en la interpretación de las escrituras
señalan Belén como el lugar donde ha de nacer, pero para estos expertos ha
pasado desapercibido el acontecimiento. Son los “intérpretes, teólogos” oficiales,
pero ellos que leen las escrituras no han sabido, ni sabrán en su día…
reconocer al Mesías. A los Magos no les han hecho falta las escrituras: han
visto la estrella, se han desinstalado, han acudido, han contemplado, adorado y
ofrecido. Los expertos en las escrituras, por decirlo de forma suave, “andan
despistados” y se pierden la acción de Dios. Saber mucha teología no es garantía
de estar en el camino que Dios quiere.
Los Magos cuando llegan encuentran
que la estrella los guía a un lugar humilde y sencillo. A una familia sencilla.
Y se postran ofreciendo oro, incienso y mirra. Como Dios cuida de los suyos y
sabe que Herodes los ha intentado utilizar… en sueños son advertidos por Dios que
no vuelvan a Herodes. Ellos vuelven por otro camino. Han cambiado radicalmente
la visión de las cosas y, de esa forma, cambian su manera de enfocar su
regreso. Los Magos han experimentado una profunda conversión en su forma de ver
a Dios: lo han reconocido en un niño.
Después advertirá el ángel del Señor
a José que huya a Egipto para ponerlo a salvo de las garras de Herodes. José obedecerá
y permanecerá en Egipto hasta nuevo aviso en que regrese a Nazareth.
De la Epifanía en Belén a la Epifanía
del Jordán: Juan, el enviado a preparar el camino de Jesús, predicando la
conversión, bautiza a Jesús que se acerca a ser bautizado, como uno más. Jesús
va en la fila de los pecadores. Marcos
es muy sobrio en el relato, en los otros sinópticos el Bautista no entiende que
Jesús sea bautizado y en el Evangelio de Juan es el Bautista el que da
testimonio de la voz del Padre que proclama a Jesús como su Hijo muy amado, en
quien se complace, mientras el Espíritu desciende sobre él como en forma de
paloma.
Herodes, los expertos en las escrituras…
ni están abiertos a la sorpresa de Dios, ni dispuestos a ser desinstalados de
sus visiones inamovibles de las cosas. Los Magos y Juan el Bautista tienen los
ojos abiertos y el corazón libre de prejuicios para reconocer en Jesús el signo
de Dios entre nosotros. Ellos, como nosotros, necesitamos de la voz del Padre
que lo señala como su Hijo muy amado.
Las palabras de Pedro en la segunda
lectura nos resumen muy bien el sentido de ambas fiestas. Me refiero a
Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó
haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba
con él. Nosotros, como Jesús, estamos ungidos por el Espíritu y, si nos
dejamos llevar por él, pasaremos haciendo el bien. Es el Espíritu el que guía y
hacer que reconozcamos.
Juan anunciaba la conversión. los Magos
volvieron por otro camino, experimentaron la conversión. El otro día viendo la
película “Libres” sobre la vida contemplativa un monje definía la conversión: “la
conversión es algo muy poderoso, algo inexplicable, te cambia completamente tu
ser, es en el momento de la conversión, cuando sabes que tienes una respuesta a
una pregunta muy importante… es cuando sueltas el miedo, es el momento de
libertad, pierdes el miedo”.
Te deseo una feliz Epifanía en tu
vida: una luminosa revelación.
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