Él os bautizará con Espíritu Santo

 

En esta semana primera de Adviento celebramos la solemnidad de la Inmaculada concepción y, con este segundo domingo de Adviento,  la liturgia nos plantea este trío de figuras que nos ayudan a comprender el tiempo que celebramos para prepararnos mejor a vivir esta espera. La celebración del viernes día 8 nos presenta a María, las lecturas del domingo presentan a Isaías, de nuevo, y nos presentan la figura de Juan el Bautista.

 

La pedagogía del Adviento es el recuerdo, la memoria que actualiza lo que ya sucedió en el pasado en nuestro presente y que anticipa lo que sucederá al final de los tiempos. Celebramos que Cristo vino en carne mortal y que vendrá de nuevo a completar la historia definitivamente, llegando con su poder allí donde nosotros no podemos llegar, aniquilando definitivamente el mal y la muerte. Y este Señor que acampó entre nosotros y que volverá con gloria al final de los tiempos sale a nuestro encuentro cada día en cada uno de nuestros acontecimientos y en nuestros hermanos. Es el tiempo de la esperanza: la espera que nace de la confianza en que Dios nunca abandona a la humanidad ni a sus hijos que lo necesitan como la razón última de su existencia.

 

La esperanza la vemos reflejada en el profeta Isaías que profetiza una intervención de Dios que viene  a acompañar a su pueblo como un pastor a sus ovejas, pero para ello hemos de preparadle el camino: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se trata de preparar el camino para que Dios mismo venga a caminar con su pueblo y sea él el que remate su obra: mirad, el Señor Dios llega con poder y con su brazo manda. Es Dios quien va a llevar a cabo ese mundo nuevo, pero nosotros hemos de colaborar con él preparándole el camino.

 

La esperanza la mantiene Juan el Bautista que anuncia en el borde del desierto la llegada del Mesías. Juan tiene conciencia de que llega el Mesías y que él no es digno ni de desatarle las sandalias. Él bautiza con agua, pero el que viene detrás bautiza con Espíritu Santo y fuego. Llama a Juan, que tiene un carácter fuerte y duro y que vive el ascetismo de manera radical (su forma de vestir, de alimentarse...) no se le sube su misión a la cabeza y tiene conciencia de que su misión es preparar el camino al que viene detrás de él. Juan es instrumento para el Señor. Su bautismo es transitorio porque el que viene detrás bautiza con Espíritu Santo y fuego. Sabe ceder y cumple su misión: anunciar la llegada del mesías e invitar a la conversión. De nuevo, como en Isaías, invita a preparar la llegada con la conversión: que no es otra cosa que cambiar la manera de enfocar la vida. Para que el Señor pueda alcanzarnos, hemos de cambiar de manera de enfocar las cosas. Hemos de pasar a enfocar las cosas como las enfoca Dios y a verlas desde donde las ve Dios.

 

La Esperanza se hace mujer en María. María es modelo de espera para todos nosotros. Ella personifica lo que es el Adviento y su actitud de espera. En el evangelio del día de la Inmaculada escucharemos el relato de la anunciación. Dios sorprende a María, le cambia sus planes y ella no plantea objeciones: si esa es la voluntad de Dios que ella se madre del Mesías, que sea así. María no imagina que ese mesianismo pasará por el fracaso y por la muerte... en ese momento a ella no le preocupa el cómo se llevará a cabo la misión. Lo único que le preocupa es saber qué es lo que Dios quiere de ella y si Dios la ha elegido... la mejor manera de preparar el camino es justamente aceptar la voluntad de Dios en su vida: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Esa es la mejor manera de preparar la llegada del Señor: aceptar la voluntad de Dios sobre nosotros y dejar a Dios ser Dios en nuestra vida, dejando que se cumpla su voluntad.

 

Tres iconos de espera: Isaías, Juan y María. Dios ha respetado y sacado lo mejor de cada uno de los tres. El sueño profético de Isaías, la misión profética que llevará a Juan al martirio por la verdad y la actitud de la Madre del Mesías: dejarse llevar por Dios hasta que se cumpla su voluntad, sabiendo que ese cumplimiento tomará derroteros imprevistos para nosotros.

 

Dios seguro que nos preparará adaptándose a nuestro carácter, a nuestra forma de ser y transformando nuestro interior. Es el mejor programa para preparar la llegada del que vino, viene y vendrá definitivamente. Dejarle a él el protagonismo y secundar sus planes sobre nosotros.

 

Feliz Adviento.

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