Piensa en tu final y deja de odiar
Si el Domingo pasado el Evangelio nos proponía un tema bastante delicado como es la “corrección fraterna” este domingo el tema planteado es un tema que a todos nos afecta de una forma u otra: el perdón.
La parábola planteada en el Evangelio de hoy contrapone dos actitudes: la de un juez que perdona una enorme deuda a un criado y la actitud del criado con un compañero que le debía una cantidad muy pequeña. La parábola responde la cuestión planteada por Pedro: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?
La parábola contrapone dos actitudes muy diferentes respecto a la ofensa: la del juez y la del criado. En palabras del papa Francisco: Vemos en esta parábola dos actitudes diferentes: la de Dios, representado por el rey —que perdona tanto, porque Dios perdona siempre—, y la del hombre. En la actitud divina, la justicia está impregnada de misericordia, mientras que la actitud humana se limita a la justicia. Jesús nos exhorta a abrirnos valientemente al poder del perdón, porque no todo en la vida se resuelve con la justicia, lo sabemos. Nos lo ha recordado el papa Francisco: no todo en la vida se resuelve con la justicia, a veces hay que perdonar más allá de la “justicia”.
La invitación de Jesús a Pedro la conocemos: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». En el lenguaje simbólico de la Biblia, esto significa que estamos llamados a perdonar siempre.
Para ir al grano y recordarnos lo importante pensemos en primer lugar que en un mundo y una Iglesia vuelta de espaldas a Dios el perdón es la única medicina y el único arma que puede detener las espirales de violencia. En segundo lugar pensemos en las palabras de Jesús para quien ser bueno y justo es parecerse a Dios: “que hace salir su sol sobre justos e injustos, buenos y malos”. En tercer lugar pensemos que “perdonar de corazón” no implica justificar lo injustificable, porque una cosa es la persona y otra el mal cometido. Jesús, fiel a la verdad, condenó siempre el mal, pero nunca a las personas. Jesús salvó siempre a las personas “enredadas en el mal”. La actitud de juez es “la misericordia” porque mira a la persona, no tanto a la ley. En cuarto y último lugar pensemos que la hoy Jesús nos recuerda que debemos tener la misma actitud que Dios tiene con nosotros con los que nos deben algo mucho menor. Es decir, debemos mantener la actitud de la misericordia siempre. Así nos lo recuerda el padre nuestro: “perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
Por tanto, en la actitud de Dios con nosotros hay una cierta pedagogía de la corrección no permitiéndonos no perdonar, cuando ya hemos sido perdonados antes. A Dios no le hace mucha gracia que no seamos agradecidos y generosos repitiendo con los demás la misma acitud que él ha mantenido con nosotros antes.
Estos días hemos celebrado la exaltación de la Cruz y la Virgen de los Dolores o de las Angustias. Jesús en la Cruz y María al pie de la Cruz, momento de máxima injusticia, perdonan y no guardan rencor. Sus corazones están transformados por el Padre y el Espíritu. Porque perdonar como Dios perdona es a veces muy difícil, por no decir imposible. Es Dios el que puede sanar al corazón que perdona desde dentro, no imponiéndonos la actitud de perdón, sino haciendo nacer y brotar desde dentro esa misma actitud que es suya. Recibir como don el perdón para poder entregarlo a los demás como don y gracia. Esforzarse en perdonar, por obligación ciertas cosas sin dejar que pase el tiempo puede no sólo no ser bueno, sino, contraproducente. Hemos de pedir el don de perdonar a la persona que ha sufrido el mal primero, que está atrapada por el mal. La persona “que no sabe lo que se hace” necesita ser sanada.
Y, si pides perdón ... y no eres perdonado... cosa que sucede muy a menudo... mira a Dios y obra por él. En la Iglesia tenemos la dicha de tener el sacramento de la Reconciliación... que aunque no nos perdone la persona afectada... sabemos que Dios, sí. A veces, personalmente, he tendio que “vivir la no aceptación de petición de perdón”, pero ya ha sido medicinal pedir perdón y ha sido una medicina que ese perdón no encuentre eco en la otra persona. A pesar de ser esta otra persona una persona que sabe mucho de estos temas... a pesar de ser una persona llamada a guardar la unidad perdonando... Vuelvo al principio: el perdón de Dios va más allá de la justicia humana y regreso al final: sólo cambiando Dios el corazón se puede perdonar de verdad.
Feliz Domingo.
J.A.
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