Pero después se arrepintió

 

Llegamos a este Domingo, que inicia el mes de octubre, en el que el Señor en su palabra nos sigue iluminando y nos va descubriendo aspectos del seguimiento a través de una parábola.

 

La parábola nos habla de dos hijos que reciben el encargo del Padre de ir a trabajar a la viña (enlazamos con el domingo anterior). Las respuestas son distintas. El primero contestó con un rotundo “no”, pero, después se arrepintió y fue. El segundo fue rápido en contestar “sí”, pero no fue. Jesús pone de manifiesto que es el primero el que cumplió la voluntad del padre y aprovecha la parábola para recordar que: En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el Reino de Dios.

 

El papa Francisco nos recuerda en relación a este evangelio: La obediencia no consiste en decir “sí” o “no”, sino siempre en actuar, en cultivar la viña, en realizar el Reino de Dios, en hacer el bien. No se trata de secundar la voluntad del Señor para así entrar en su Reino de forma que todo quede en palabras y nunca actuar de verdad. El hijo que responde a la voluntad del padre es el que realmente va a la viña. Al padre le importa poco que haya dicho impulsivamente “no”, si luego, ha recapacitado y ha terminado diciendo “sí”. Su “sí” es auténtico y de verdad, mientras que el “sí” del otro hijo es ligero en su palabras y no se realiza nunca en la acción.

 

Dios no mira si la reacción primera es negativa o incluye el rechazo porque él sabe esperar. Mira al corazón y sabe esperar a que esa persona cambie y acabe entrando en su viña, en esa oferta fantástica y maravillosa y que es billete hacia la felicidad: el Reino de Dios. Pero claro, él tiene ojos limpios, tiene paciencia y sabe sacar del no, un rotundo “sí” en su momento. El momento y el tiempo de Dios no es el nuestro. Nosotros, además, nos hemos acostumbrado a una cultura del “ya” y de la “urgencia” y el tiempo de Dios no se deja manipular por nuestras exigencias: él sabe esperar para arrancar de nuestros labios el “sí”.

 

Conviene recordar la parte final del evangelio en la que Jesús critica duramente la religiosidad de fachada, que se basa en la apariencia, pero no implica, de verdad, en un “sí” vital a la persona. El “sí” de estas personas es de “apariencia” y “fachada”. Por eso Jesús nos recuerda: En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios.

 

Es una gracia, un regalo inmerecido, decir sí con la vida y no sólo de boquilla. El papa Francisco, que de Evangelio sabe mucho porque lo vive mucho nos recuerda: el Evangelio de hoy cuestiona la forma de vivir la vida cristiana, que no está hecha de sueños y bonitas aspiraciones, sino de compromisos concretos, para abrirnos siempre a la voluntad de Dios y al amor hacia los hermanos. Pero esto, también el compromiso concreto más pequeño, no se puede hacer sin la gracia. La conversión es una gracia que debemos pedir siempre: “Señor dame la gracia de mejorar. Dame la gracia de ser un buen cristiano”.

 

Que nuestro “sí” sea un “sí” y nuestro “no” un “no” porque cualquier otra cosa proviene del maligno.

 

Buen Domingo.

 

J.A.

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