La familia de Betania, en medio de los distintos sentimientos encontrados sobre Jesús (unos que planean acabar con él y otros que creen en él) y sabiendo lo que puede venirle al Maestro  encima... deciden tener un gesto de agradecimiento con él. Ofrecen una cena de agradecimiento a Jesús. Marta sirve, Lázaro está a la mesa con ellos. María tiene con Jesús un gesto y un detalle de agradecimiento: unge  sus pies y los seca con sus cabellos. Su gesto es mal visto por Judas que ve un derroche excesivo en el dinero que él considera malgastado. Jesús defiende a la mujer y, con este gesto, unge al Maestro para su sepultura. Para su entierro que será rápido, Jesús ha quedado ya ungido por una de los sencillos, María.


Mañana y el miércoles el evangelio nos hablará de anuncios de traición y de negación en la Cena y, después, todos huirán y lo abandonarán en el huerto.



Esta familia es agradecida y ante la suerte que se está entretegiendo para el Maestro ya se adelantan a ungirlo. Son agradecidos con el Profeta y no temen correr su suerte. Después decidirán, también, terminar con Lázaro.



Ser agradecidos siempre, incluso cuando nos señalamos por ponernos del lado del que se ve como un peligro... ser valientes y correr su suerte. La suerte es que nosotros sabemos algo que aquella familia no sabía: Jesús vencería la muerte resucitando. 


Nuestro Señor a quien hoy se nos invita ungir, vive, ha vencido... Hoy a las puertas del Triduo pascual se nos invita a ungir con lo más preciado de nosotros mismos a nuestro Señor. Todo nos lo ha dado. Todo podemos devolvérselo para que disponga de ello. Nos señalamos al agradecer y seguir al que va a ser crucificado. 


La gratitud... una realidad tan olvidada... ser agradecidos... cuánto hacen por nosotros tantas personas que dedican su vida u ofrecen su tiempo y cualidades para los demás. Derramemos a los pies de Cristo lo que más amamos, lo más preciado por nosotros. Sin miedo al qué dirán... que él nos entiende y eso basta.


Dejémonos ungir por él, que se entrega, padece, muere y Resucita y derrama por nosotros otro ungüento precioso: su Santo Espíritu.


Feliz lunes Santo.


J.A.

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