Mesías, Siervo y Rey

            Domingo de Ramos, pórtico de entrada a la Semana Santa, Domingo de oro y gloria en su primera parte: la procesión que avanza en la que los niños aclaman al Mesías Rey y en la que, con nuestras palmas en las manos reconocemos  su señorío.

 

            Y Domingo de Pasión: la liturgia nos centra en el auténtico mesianismo de Jesús encarnado en el Mesías sufriente. Así nos lo recuerda la primera lectura de Isaías y Pablo que nos deja bien claro que Jesús pasó por un hombre cualquiera, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de Cruz.

 

            Aclamación y rechazo. Dos actitudes que en los seres humanos suelen darse con facilidad cuando nos vemos defraudados ante las expectativas creadas. ¡Cuántas veces recibimos aclamando y terminamos rechazando! Y, por otro lado, desde la clave evangélica , no hay misión auténtica sin rechazo y Cruz. No es muy cristiano el triunfalismo y los números… si miramos al Maestro esta mañana y lo volvemos a mirar el Viernes Santo … ¿entenderemos esto de evangelizar de otra forma?

 

            Jesús, como hombre, ha aceptado plenamente la voluntad del Padre que pasa por entregarse por amor. Los planes de Dios podrían haber sido otros, pero han sido justo éstos: un mesianismo que empieza por entregar la vida por los demás y que termina por ser el mismo Dios en persona el que lo recorra en la persona de Jesús. “Dios en Jesús”, un título de un libro que muchos recordaréis.

 

            Para entender a Dios cómo es hay que mirar el recorrido completo : de los Ramos a la Cruz. No podemos detenernos en los ramos porque la entrega sin Cruz no es fructífera. La Cruz da fruto porque el exaltado en ella ha sido glorificado en la Resurrección.

 

            La gente se engaña viéndolo entrar triunfante en la ciudad Santa y se sienten defraudados. Al no proclamarse rey, la gente lo abandona. Y Jesús camina hacia un altar que está  rodeado de olivos donde dirá al Padre: no se haga mi voluntad, sino la tuya. Una vez entregada la voluntad caminará firme a la Cruz. El sacrificio existencial de Jesús: el único sacrificio válido.

 

            En la Pasión el mal “aparentemente” parecerá triunfar. ¿Huiremos cuando sea prendido? ¿Lo venderemos y besaremos? ¿Lo negaremos? ¿Permaneceremos firmes ante la cruz? ¿Pondremos a disposición suya nuestro sepulcro como último gesto de amor al Maestro? ¿Creeremos a María Magdalena cuando en la mañana de Pascua anuncie que el sepulcro está vacío y que ha visto al Señor?¿Creeremos, de verdad, que éste es el camino elegido por Cristo para salvarnos del poder del mal y de la muerte?

 

            Este Domingo prefigura el Domingo de Pascua. Su entrada en Jerusalén terrena es un anticipo de la entrada en la Jerusalén Celeste. La luz que ilumina este Domingo viene irradiada del Sepulcro vacío,  del triunfo, de la Resurrección.

 

            Feliz Semana Santa.

 

            J.A.

 

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