Para ser tentado por el diablo

 

Llegamos al primer Domingo de Cuaresma y la Iglesia, como todos los años, nos propone el Evangelio de las tentaciones, en la versión de Mateo.

Jesús, que comparte la Humanidad plenamente con nosotros, fue tentado por el diablo, como todos nosotros somos tentados.

 

Tras la declaración solemne el el Jordán por parte del Padre: “Éste es mi Hijo amado”, Jesús, impulsado por el Espíritu Santo es llevado al desierto, donde será tentado en relación a su condición de Hijo del Padre.

 

Las tres tentaciones van encabezadas de la misma manera: Si eres Hijo de Dios. La tentación, por tanto, afecta a cómo vivir la realidad del Hijo amado del Padre si de una forma u otra.

 

Jesús se encuentra en una encrucijada en la que ha de decidirse, de cara a Dios y como Hombre, en enfocar cómo ha de llevar a cabo la Misión del Padre. Ha de tomar, como diría Santa Teresa una “determinada determinación”. Tener que decidirse, ser tentados en la forma de vivir nuestra realidad más profunda... no es pecado. Jesús no cae en la tentación.

 

La primera tentación: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes» quiere provocar en Jesús el utilizar lo que es en beneficio propio, olvidando a los demás, en lugar de olvidarse a sí mismo en la entrega. La respuesta de Jesús es tajante: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Lo importante es vivir de la voluntad de Dios.

 

La segunda tentación es la de desconfiar de Dios en la misión y “pedir pruebas que garanticen la misión”, es la “misión con condiciones”: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Es la tentación de exigir a Dios pruebas conforme a nuestros esquemas, en lugar de fiarnos del todo y abandonarnos en sus manos, dejando a Dios ser Dios. La respuesta de Jesús vuelve a ser directa y tajante: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». No tentar a Dios en lo que nos pida.

 

La tercera tentación pasa por el deseo de triunfar y buscar el poder y la gloria, pasando por hacernos un “ídolo” del poder y adorarlo como se adora a Dios. Someternos al mal con tal de sacar provecho y ventaja: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». La respuesta de Jesús es contundente y va lo fundamental: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Sólo Dios merece ser objeto de nuestra adoración y reconocimiento. Sólo Dios debe ser el Centro y, como Dios es celoso, en palabras de Santa Teresa “Sólo Dios basta”.

 

Superadas las tentaciones Jesús recibe la paz y se acercaron los ángeles y lo servían... Jesús en ese momento ha tomado la determinada determinación de vivir conforme a la voluntad del Padre, no adulterando nunca la misión.

 

De no haber sido de esta forma la vida pública de Jesús no habría sido como fue, ni hubiera entregado su vida en favor nuestro como lo hizo. Dicho de otra forma: Jesús no hubiera pasado por la pasión y muerte en cruz de haber entendido la misión conforme a lo que Satanás le sugirió en el desierto... Jesús atento a la voluntad del Padre, la seguirá hasta el final, confiado en el Padre.

 

Se nos invita a no servirnos de nuestro propios dones, olvidando a los demás, a no pedir más prueba que la misma voluntad del Padre y a abandonar todo tipo de camino en el que la gloria, el poder y el exhibicionismo sean las hojas de ruta. Se nos invita, ya desde el inicio de la Cuaresma a la lógica de la Cruz.

 

Dios es el que puede hacer esto en nosotros y no nosotros mismos con nuestras fuerzas. Dios nos pide desearlo de corazón para transformar poco a poco nuestro deseo en realidad vivida. Por tanto, no nos dejemos llevar por la tentación, pero tampoco nos agobiemos confiando en nuestras fuerzas y no en Dios.

 

Jesús ha vencido en su Resurrección porque ha aceptado en todo momento lo que el Padre le pedía. Miremos a la Pascua, confiados en que sólo muriendo, como Jesús a nosotros mismos, viviremos plenamente desde Dios y para Dios.

 

En este camino cuaresmal que hoy pasa por la prueba en el desierto, seremos llevados el próximo Domingo al Tabor, para presenciar la Transfiguración del Hijo, adelanto de la Resurrección.

 

Feliz Domingo de Cuaresma.

 

J.A.

 

XP NIKA

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