Ese es el que bautiza con Espíritu Santo
De nuevo volvemos al Jordán. El Domingo pasado contemplamos la escena en la que el bautista se asombra de que Jesús pida ser bautizado por él. Jesús se había puesto a la fila de los pecadores para ser bautizado por Juan en el Jordán con agua. Jesús aparece, aparentemente, como un pecador más y se pone a la cola. En un bautismo general, como nos cuenta Lucas, y eso hace que pase aún más desapercibido. Toda esta “normalidad”, “sencillez” y “solidaridad” que Jesús expresa en sus gestos queda revelada por las palabras que el Padre pronuncia sobre él: “éste es mi Hijo” y en ese momento Jesús es bautizado con agua, pero ungido por el Espíritu Santo.
Juan ha sido testigo del acontecimiento externo y de la manifestación del cielo y en el evangelio de hoy contemplamos cómo Juan ha reconocido la identidad del que se bautiza, ha ido más allá de la apariencia y se le ha revelado : “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Juan ha visto la auténtica realidad que hay tras este siervo humilde y sencillo que aparece como un pecador más: “yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios".
Se nos invita hoy, tras la celebración de los misterios de la Navidad, a contemplar en el niño de Belén, en el hombre Jesús bautizado en el Jordán al Mesías, al Hijo de Dios, al cordero de Dios, tal como Juan lo señala.
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. La afirmación de Juan señala a la Pascua. Este es el nuevo cordero pascual que va a salvarnos definitivamente del mal con el gesto de la Pascua: entregándose libremente a la muerte y siendo glorificado en la Resurrección. Este es el cordero que será traspasado en la cruz por nosotros. Esta es nuestro nuevo cordero pascual: Cristo que es degollado por nosotros y cuya sangre nos libra para siempre del poder del mal. Con su gesto de entrega por amor a nosotros nos libera definitivamente de la muerte y nos demuestra hasta donde es capaz Dios de llegar: hasta asumir nuestra naturaleza completa, con la propia muerte.
Pero antes de esa entrega en la cruz Jesús va a predicar la llegada del Reino con sus gestos y palabras: curando a los que sufren por el mal y explicando en parábolas qué es el Reino. Nos dará una nueva Ley que supera definitivamente a la ley antigua: las bienaventuranzas. La vida de Jesús da sentido a su entrega y culmina en ella, la glorificación en su Resurrección ilumina totalmente quién es Jesús y nos abre el camino de la esperanza.
Y ante esta nueva realidad, Juan sabe ponerse a un lado, dejar que ahora llegue el tiempo de Jesús. Juan ha superado, reconociendo a Jesús, su propia mentalidad y enfoque de la conversión. Para Juan ya no será el agua la que limpia y transforma, sino el Espíritu Santo que Jesús ha recibido en el Jordán. Juan es un ejemplo de una mentalidad “cerrada” que se abre a la “novedad definitiva” que trae Jesús. Ha dejado a un lado sus “ideas preconcebidas” porque, en verdad, Juan ya está movido por el Espíritu y, por ello, reconoce ya a Jesús como luz de las naciones y Salvador de todos los pueblos.
Abrirse a la novedad de Dios, saber ponerse a un lado cuando llega la novedad, relativizar los esquemas personales propios... implica nacer del Espíritu. Reconocer en Jesús al “cordero” que carga con nuestras dificultades y con el mal entero... Un cordero que va a vencer al Mal del cosmos. El texto griego habla del “pecado del mundo (kosmos): τὴν ἁμαρτίαν τοῦ κόσμου.
Que la confianza en la ternura del nuevo Cordero que se entrega nos haga vencer el mal y la dificultad. Que él sea el centro de nuestra vida. Feliz semana.
J.A.
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