No temas acoger
Hemos llegado al cuarto Domingo de Adviento, la corona que celebra la llegada del Rey se completa. La noche de Navidad está cerca. Litúrgicamente este Domingo es el Domingo de la Virgen dentro del Adviento. En los otros Domingos era la figura de Juan Bautista la que nos señalaba la llegada del Mesías. Este Domingo nos señala a María.
En los otros ciclos litúrgicos se proclama el evangelio de la Anunciación y, en el ciclo A, el evangelio de Mateo nos cuenta las dudas de José y la revelación de que lo que acontece a María es obra del Espíritu Santo.
Dos figuras, por tanto, nos acompañan hoy: María y José.
María: Ha escuchado al ángel, se le ha encomendado una misión: ser la Madre del Mesías. Ha recibido la revelación de que esto sucederá por obra del Espíritu Santo. Ella acepta, confiadamente, la misión encomendada, sin pedir explicaciones porque lo importante es conocer lo que Dios quiere de nosotros y no tanto cómo se llevará a cabo esa voluntad. Lo prometido por el ángel se realizará por el camino del abajamiento y la cruz. Su respuesta es clara y firme y muestra la disposición: “He aquí la sierva del Señor”.
José: duda del embarazo de María, pues aún no habían estado juntos. Es un hombre bueno (según el evangelio) y decide no repudiarla en público, sino en secreto. Dios responde a esta bondad de José y a su buena disposición revelando que lo que acontece en María es obra de Dios. La respuesta de José es rápida: nada más despertarse hizo lo que le dijo el ángel y acogió a María. Es un hombre abierto, incluso en el sueño, a la voz de Dios. Despierta para ponerse en camino y hacer lo que se ha indicado. Del sueño (discernimiento) al despertar (decisión y acción).
María y José, elegidos y abiertos a la acción de Dios. Llamados a hacer posible la Encarnación del Hijo. Llamados a custodiar la Palabra. El Mesías esperado por Israel no será un hombre sin más, será el propio Dios entre nosotros.
Dios cuenta con nosotros para poder hacerse presente en medio del mundo, si estamos bien dispuestos y somos rápidos para cumplir su voluntad. Ante la cercanía de la Navidad y la celebración del Misterio de la Encarnación que supone abrazar lo humano totalmente en la persona de Jesús, recordemos que a Dios le gusta hacer grandes cosas con gente sencilla y que, con instrumentos débiles y limitados se hace presente en medio del mundo.
Llamados a hacer la voluntad de Dios y así hacerlo presente en el mundo. Llamados a “custodiar lo que recibimos, pues no nos pertenece”. Regreso de un fantástico viaje a Roma y en el desayuno del último día una de las personas que celebraba su cumpleaños nos invitó a un bombón. Al abrirlo… traía una frase en italiano que reproduzco:
“Le cose che si amano non si posseggono mai completamente, Semplicemente si custodiscono” “las cosas que se aman no se poseen nunca completamente, simplemente se custodian (se cuidan)”.
Custodiemos como María y José el gran regalo que Dios nos hace al regalarnos al Hijo humilde y sencillo. Huyamos de las explicaciones que intenta poseerlo completamente, simplemente cuidémoslo y contemplémoslo.
J.A.
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