También
este es hijo de Abrahán
El
evangelio de este domingo, conectado de forma directa con la primera lectura,
es un ejemplo, por una lado, de cómo buscan
a Jesús los descartados del grupo oficial religioso y social y cómo Jesús acoge
a gente que está fuera de la ley, y por otro de cómo ha de ser nuestra forma de
presentar a Jesús en la Evangelización a la que de una forma u otra todos nos
sentimos convocados y llamados.
Un hombre rico y poderoso, jefe de publicanos se deja
llevar por el deseo interior de ver a Jesús. Sin duda que había oído
hablar del rabino y quería verlo como fuera… la fama de Jesús había despertado
su deseo interno de conocerlo, de verlo y acercarse a él. Zaqueo, rodeado por
el gentío, siente una limitación física que impide que pueda contemplarlo: su
estatura. A la limitación social de pertenecer a los recaudadores que lo
hacía impopular en su pueblo… se une una limitación física que
curiosamente no oculta el evangelio: su estatura.
Pero la sed y el deseo de ver al maestro no son apagadas
por las limitaciones y, tomando la iniciativa se sube a un sicomoro y busca el
lugar por donde Jesús ha de pasar. Cuando el deseo del encuentro se hace
profundo… Dios siempre lo colma y Jesús, al verlo, le dice: : «Zaqueo, date
prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
Es necesario. El verbo del griego original es el mismo
empleado para las ocasiones donde es necesario que Jesús cumpla la voluntad del
Padre, como en los anuncios de la Pasión δεῖ (dei). Este gesto
que va a realizar Jesús es preciso que se lleve a cabo por voluntad del Padre.
Que yo me quede en tu casa (ἐν τῷ οἴκῳ σου δεῖ με μεῖναι).
Es necesario no sólo que entre (gesto ya escandaloso, entrar en casa de un
pecador ya que provoca la contaminación) sino también que esté contigo, que
permanezca contigo.
La reacción de Zaqueo: lo recibió muy contento. La
reacción de los cumplidores de la ley: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Una reacción de alegría
y otra de “escándalo”. Se dan a la par. Un mismo gesto de salvación de
Jesús que trae la salvación para todos provoca en la persona salvada alegría y
en los cumplidores de la ley el escándalo.
La reacción última Zaqueo a la
salvación de vida es el cambio de vida que lo lleva a restituir aquello que
haya podido haber quitado a sus hermanos: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes
se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces
más».
Jesús, para quien priman los que están
perdidos, se alegra profundamente de que la salvación haya llegado a este hombre:
«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán.
Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
Jesús ha venido a buscar y salvar lo
que estaba perdido. La Iglesia hoy y ahora ¿está en medio del mundo para buscar
y salvar lo que está perdido? ¿Se siente llamada a dejarse encontrar? ¿Deja que
los descartados puedan encontrar a Jesús? ¿Se escandaliza o se alegra de que
Jesús llame y se autoinvite a la casa de los descartados y que se encuentran “fuera
de la ley”? ¿Sabe la Iglesia que la mejor forma de evangelizar y llevar a la
conversión es no impedir que los descartados se encuentren con el Señor? ¿Es
consciente la Iglesia de que la conversión nace del amor y no de la obligación
o la amenaza? ¿Prima en la Iglesia la inclusión de todos o la selección de los
perfectos?
Una Iglesia que abrace a todos y que
no impida que Jesús alcance a todos realizará el deseo profundo del Corazón del
Señor. Una Iglesia que se atreva a no escandalizarse de que Jesús y ella misma
se manchan las manos comiendo con pecadores… estará cerca de llevar la Salvación
a todos.
Una Iglesia en donde prime que lo “irregular”
es no cumplir el deseo de que la salvación alcance a todos y no lo contrario:
que lo “irregular” no merece ser tocado por Jesús… será la Iglesia de Jesús.
Hoy cuando las tensiones en la Iglesia por
visiones contrarias se dejan sentir y cuando hay un sector que descaradamente
quiere volver a visiones superadas por el Concilio Vaticano II… habría que
recordar que el día que Jesús acogió a Zaqueo ya puso en práctica una de las
máximas del Concilio: que la salvación alcanza a todos los hombres de buena
voluntad.
Acojamos a todos porque nos recuerda la primera
lectura: Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste.
Feliz semana en la que viviremos especialmente
la Comunión de los santos en la fiesta del 1 de noviembre.
J.A.
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