Serás bienaventurado, porque no pueden pagarte

 

Las lecturas de este domingo nos ponen ante una palabra clave para los que siguen a Jesús:  la humildad “ Todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

        Esta virtud que es la llave para que se puedan alcanzar las demás virtudes (eso nos dice San Ignacio en el comentario a las dos banderas) se opone diametralmente a la vanidad que acaba llevando a la soberbia (nos dice san Ignacio de vanidad a crecida soberbia y, de ahí, a todos los demás vicios). La actitud del mundo, que vive de espaldas a Dios, es la de la vanidad para terminar siendo soberbios, es decir, creyéndonos por encima de los demás y despreciándolos. La humildad nos mantiene firmes a la tierra que pisamos, nos hace reconocer nuestra debilidad y limitaciones, nos ayuda a aceptar las de los demás y, siendo humildes, estamos en disposición de crecer en las demás virtudes.

 

        No hay que confundir humildad con humillación. La humildad implica ver a los demás como nuestros hermanos, no creernos superiores a ellos, ni inferiores,  y estar dispuestos a servirlos siempre.  Es cierto que, algunas veces, hemos de humillarnos para que la voluntad del Padre pueda seguir su curso y saber apartarnos para dejar paso a lo que él disponga, aunque para ello tengamos que doblegar nuestro carácter y nuestra forma de ser. La palabra humildad del latín “humilitas” que procede de “humus” (tierra) tiene su equivalente en griego en la palabra que María utiliza en el Magníficat: Dios ha mirado la humildad de su sierva: ταπενωσιν.

 

        Leyendo el evangelio de hoy salta a la vista que la humildad no es sólo una virtud… es una actitud, un estilo, una forma de obrar: la forma de obrar de Dios. Las personas que quieran seguirlo no han de vivir el seguimiento a la forma mundana. No se sigue a Jesús haciendo carrera: pretendiendo ser el mejor predicador, el mejor catequista, el mejor teólogo, el mejor… no. El carrerismo que lleva como consecuencia el terminar despreciando a los demás por considerarlos inferiores no es de Dios. Además de que ese carrerismo genera mucho estress … y nos acaba consumiendo…

 

        Se nos pide como actitud vital el ponernos de entrada en la sombra, en el último puesto, pasar desapercibidos… para que sólo si Dios, a través de su Espíritu o de nuestros hermanos nos lo piden, pasemos a ocupar otros puestos de responsabilidad. Esos puestos han de ser vividos como servicio siempre y no como autoservicio. Y han de ser ocupados con desprendimiento: dispuestos a dejarlos si Dios nos lo pide. Como diría un santo amigo mío: “Lo nuestro no es estar en el candelero. Si hemos de estarlo… porque Dios lo pida y como servicio a los demás y dispuestos abandonar el candelero en cuanto se nos pida”.

 

        He vuelto de Tierra Santa y allí todo huele a humildad: Nazareth, Galilea… el sepulcro vacío… Dios ha querido contar con los que nadie cuenta: María, Isabel, los pastores, José, los apóstoles, e incluso, Judas… Los gustos y preferencias de Dios no son los nuestros… pero él ha querido hacerlo así, pasando desapercibido y, por lo visto, siguiendo un estilo humilde y sencillo… Dios ha llevado a cabo nuestra salvación en la humillación de su hijo, que en el huerto aceptó que triunfara aparentemente el mal y que se dejó clavar en la cruz, pero que Dios lo resucitó, dándonos su Espíritu a los que queremos seguirlo y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

 

        Por eso nosotros hemos de contar con los que cuenta Dios: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos.

 

        Contar con los últimos es lo propio de Dios. Él se hizo uno de ellos y a través de ellos sigue haciendo posible que el Reino llegue a cada uno de nosotros y a este mundo.

 

        Feliz Domingo, estés donde estés, que todo lo sencillo te hable de lo grande que es Dios.

 

        J.A.

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