Dic nobis, Maria
Dic nobis maria quid vidisti in via “Dinos,
María, qué viste en el camino”.
María Magdalena
actúa, como la esposa del Cantar de los Cantares en la mañana de Pascua: “En
mi lecho, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo buscaba y no lo
encontraba. Me levantaré y rondaré por la ciudad, por las calles y las plazas,
buscaré al amor de mi alma”. María es una mujer profundamente agradecida
con Jesús por su sanación y liberación. Es de Lucas el texto que identifica a
María Magdalena: “ Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y
anunciando el evangelio del Reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres
que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se
llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios”. Nos dice el Cardenal
Carlo María Martini: “Así pues todas estaban un poco enfermas, todas tenían
alguna dificultad y ella, María Magdalena, tenía ciertamente alguna dificultad
más grande que las otras, algo nocivo, gravemente nocivo”. Es la gratitud,
por tanto, y el deseo de acudir a embalsamar el cuerpo del Maestro la que la
empuja esa mañana, aún a oscuras, hasta el sepulcro. Un gesto que amor en
exceso que responde al Amor en exceso recibido por parte del Señor: se
adelanta a todos, se adelanta a la luz del sol y va, la primera, al sepulcro.
El Maestro puede haber fracasado en la Cruz, pero ella sigue agradecida por
todo el amor recibido. GRATITUD.
Sepúlcrum
Christi viventis et glóriam vidi resurgentis. Angelicos testes, sudarium et
vestes: Vi el sepulcro de Cristo viviente y la gloria del que resucita, los
ángeles testigos, sudario y vestidos.
A la gratitud por ese
exceso del mal, del que fue liberada y que la llevó a seguirlo hasta la Cruz,
se une la manifestación del exceso del Amor por María y por todos nosotros
manifestado en la Resurrección. María encuentra el sepulcro vacío y no comprende
qué ha sucedido realmente. Considera, llorando, que pueden haber robado el
cuerpo del Maestro. Está presenciando ya la realidad del Sepulcro vacío, que la
supera y la lleva a seguir razonando desde la lógica más humana: «Se han
llevado del sepulcro al señor y no sabemos dónde lo han puesto». FIDELIDAD.
Surrexit
Christus spes mea: praecedet suos in Galilaeam: “Ha resucitado Cristo, mi
esperanza, precede a los suyos a Galilea.
María es la primera en
contemplar al Resucitado. En un primer momento no lo reconoce y confunde a Jesús
con el hortelano: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y
yo lo recogeré». Pero Jesús se le manifiesta de forma sencilla y llena de
ternura: pronunciando su nombre con amor: Jesús le dice: «¡María!». Ella se
vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!». REVELACIÓN.
Scimus
Christum surrexisse a mortuis vere: “Sabemos que
Cristo a resucitado de entre los muertos verdaderamente”.
Jesús se ha manifestado
en un gesto sorprendente en primer lugar a María, una mujer salvada, liberada y
agradecida que ha permanecido fiel hasta el final y precisamente a ella va a
encargar la primera misión de todas las misiones tras la Pascua: el anuncio
de la realidad primera y fundante de nuestra fe: Cristo ha resucitado.
Jesús le encarga que dé esta noticia al grupo de los apóstoles: Pero anda, ve a
mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios
vuestro”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al
Señor y ha dicho esto». A María se le encarga el transmitir a la Iglesia el
anuncio de la Resurrección, es un encargo de gran confianza (Martini) que
hará que, una vez recogido el anuncio, la Iglesia entera lo proclame el mundo. María
ya no habla de Jesús o del Maestro, pronuncia ante los apóstoles la palabra:
Señor. Ha visto a Dios en Jesús. MISIÓN.
Todos sabemos
que María comunicará este anuncio a los apóstoles y que no la creerán. “Ellas
y las demás se lo contaron a los apóstoles. Pero ellos tomaron el relato por un
delirio y no las creyeron. Pedro, en cambio, se levantó y fue corriendo al
sepulcro”. Lucas 24, 12. El testimonio de las mujeres no lo toman en serio
los varones, pero ellas no dejan de anunciar lo que se les ha confiado, siguen
siendo fieles a lo mandado por Jesús, dejando a un lado el ser reconocidas o
no. Esa realidad … presente aún en la Iglesia, en mayor o menor medida, nos
llevaría a una última palabra en la que la Misión sea real y plenamente
compartida por todos y todas: INTEGRACIÓN.
Feliz día de
la apóstol de los apóstoles.
J.A.
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