¿De quién será lo que has acumulado?

 

Celebramos este domingo 31 de Julio la fiesta tan importante para la Compañía de Jesús de San Ignacio de Loyola. Precisamente este domingo las lecturas nos hablan de un tema muy presente en los Ejercicios de san Ignacio: la vanidad. En la contemplación de las dos banderas Ignacio deja claro que el mal Espíritu lleva a la codicia de riquezas, al vano honor del mundo y, de ahí, a la soberbia (el último escalón que nos lleva a creernos “más que los demás”). La Vanidad y la codicia es la puerta de entrada a todos los males que terminan por llevarnos al peor de todos ellos: la soberbia que excluye a Dios y que desprecia a los demás, al considerarlos inferiores a nosotros mismos.

La parábola del hombre de los graneros nos recuerda que todo lo que hemos recibido de parte de Dios hemos de emplearlo en beneficio de los demás porque, en primer lugar, no nos pertenece (es un don) y porque los demás lo necesitan (es un don del que no somos dueños, pertenece a los demás). Acumular en  el auténtico sentido cristiano que es dar lo que se recibe, incluso dispuestos a no ser halagados o elogiados, dar sin esperar nada a cambio… genera una paz interior infinita, multiplica lo dado al darlo con generosidad y los que lo reciben, no sólo reciben los dones sino la Paz y la Felicidad que encuentra el que entrega los dones. Dar generosamente ensancha el corazón, multiplica el don en nosotros y en los que lo reciben. Por poco que se ponga Dios lo ensancha y agranda.

Creernos en posesión de algo que no es nuestro puede llevarnos a engaño: la vida no nos pertenece. El rico de los graneros esa misma noche iba, al morir, a perderlo todo… piensa y actúa de forma insensata. El desapego de todo lo que no sea Dios en nuestras empresas, especialmente la evangelizadora es clave para poder ser libres y para poder, estando dispuestos a fracasar, cumplir con lo que Dios nos pida siempre. Recuerdo en ese sentido la frase pronunciada hoy por el papa Francisco en el avión de vuelta de Canadá, que ya algunos la pueden estar sacando de contexto: “renunciar, no sería una catástrofe”. El papa vive el desapego…

Por el contrario, la actitud del cristiano es la que propone Ignacio para los que se sitúan bajo la bandera de Cristo: deseo de pobreza interior y, si Dios lo quiere material, deseos de menosprecios porque de ellos se sigue la humildad. Pobreza contra riqueza, menosprecios frente a honor mundano, humildad frente a soberbia. O sea, lo diametralmente opuesto a la soberbia es la humildad: el saberse limitado, el no creerse ni por encima ni por debajo de los demás, el ser, como fue Jesús, uno más entre tantos… “Y así actuando como un hombre cualquiera se sometió incluso a la muerte y una muerte de Cruz” (Pablo).

Por eso nuestra vida, como dice Pablo “está escondida con Cristo en Dios”. Los cristianos debemos aprender a hacer de la humildad y la pobreza nuestro modo de vida y sólo salir de ahí si Dios nos pide algo distinto, siempre como servicio a los demás y sin el más absoluto de los apegos a ello.

Ser desprendidos, ser pobres de Espíritu, ser generosos, ser humildes porque “en la Humildad está la Verdad” (Teresa de Jesús).

Feliz día de San Ignacio a toda la familia Ignacia.

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