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Retomamos los domingos de tiempo Ordinario. En
este domingo se nos presenta el tema de la llamada, la vocación y el
seguimiento.
Si leemos el evangelio atentamente y tal
cual suena, Lucas nos recuerda que en la subida a Jerusalén se producen varias
circunstancias de “llamadas” y “misión” que bien nos pueden servir de
referencia y catequesis para cada uno de nosotros. Cuando hablo de “vocación”,
por supuesto me refiero a la misión particular a la que cada uno de nosotros
somos llamados por Dios en nuestra condición de bautizados, sea la que sea.
Primero nos encontramos el rechazo al
anuncio del evangelio por parte de una aldea de samaritanos. Santiago y Juan,
indignados, advierten al Maestro de la reacción y le proponen que sean
castigados por su negativa a acogerlos, haciendo caer fuego del cielo. Jesús
les reprende. Ante la negativa a acoger el anuncio del Reino, sea por la razón
que sea, en este caso… ser judíos… no hay más que retirarse y no insistir. Alguien
que no está dispuesto a acoger el anuncio del Reino, venga de quien venga,
merece ser respetado y no castigado. El Reino, para ser acogido, necesita de la
buena disposición interior de la persona. No se puede imponer nunca y menos
rechazar a quien no quiere acogerlo o pedir castigo por parte del cielo. Cuánto
nos cuesta aceptar que el Evangelio nos puede llegar a través de cualquiera,
incluso por aquellos a quienes despreciamos o los consideramos “de segunda fila”…
por el motivo que sea… pero en esto “las apariencias engañan”… ¡Ojo!, porque
el dedo de Dios puede estar detrás de quien menos pensemos…
Jesús sigue caminando y alguien se le
ofrece espontáneamente a seguirlo: Te seguiré adonde vayas. Jesús
responde de forma brusca: Las zorras tienen madriguera y los pájaros, nido,
pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. Pudiera
parecer que Jesús quiere disuadirlo de que lo siga. Jesús en este caso no ha
tomado la iniciativa, ha sido la persona. En el seguimiento de Jesús y en los
encargos que Dios quiera hacernos es ÉL el que ha de tomar la iniciativa, no
nosotros. Si lo hacemos así… nos equivocamos porque nos erigimos en protagonistas
de una misión cuyo único protagonista es el Señor.
Frente a esta postura de tomar la iniciativa
voluntariamente aparece justo la contraria. Ahora es Jesús el que toma la
iniciativa y el llamado el que pone la condición: Déjame primero ir a
enterrar a mi padre. Es curioso cómo en el primer caso la iniciativa
no la toma Jesús y las objeciones las pone Jesús. Aquí es Jesús quien llama
y las objeciones las pone el llamado. Pero Jesús se ha fijado en él y es
contundente: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a
anunciar el Reino de Dios.
Jesús nos llama, sabiendo a qué nos
llama a cada uno. Nos conoce perfectamente, sabe qué vocación es la que nos va
mejor y hace más bien a los demás: debemos dejarlo hablar a él y no
nosotros. Es justo lo contrario de las campañas publicitarias vocacionales…
Dios es el que llama, sirviéndose de quien sea y como sea… La misión le
pertenece a él, no a nosotros. Lo nuestro es servir y saber retirarnos cuando
lo pida.
Y ante el seguimiento hay que mirar
hacia adelante El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale
para el Reino de Dios. Atrás queda lo demás que ha de ser
sacrificado, por amor, al Señor. Como Eliseo que volvió atrás, tomó la yunta
de bueyes y los ofreció en sacrificio, tal como hemos escuchado en
la primera lectura… Una vez que nos embarcamos en lo que Dios nos pida sólo se
nos pide dejarlo todo, ofrecer lo que no necesitamos ya porque incluso puede
dificultarnos el seguimiento en el nuevo camino que hemos de emprender. En
todo seguimiento hay una renuncia primera que se vuelve gozo en cuanto se empieza
a caminar detrás del que nos llama, Jesús.
Feliz domingo.
J.A.
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