Yo soy la
puerta de las ovejas
Entonces
Jesús les dijo de nuevo: En verdad, en
verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí son
ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso[a]. Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo;
y entrará y saldrá y hallará pasto.
Celebramos ayer el domingo IV de
Pascua, el tradicional domingo del Buen Pastor. Día en el que la mayor parte de
las predicaciones se centraron en la figura del Buen Pastor, pero enfatizaron
mucho la figura de los pastores que llevan a cabo esta función de forma
especial en la Iglesia: ya sea en la vida consagrada, ya en la vida sacerdotal.
Domingo de ordenaciones sacerdotales, de petición por las vocaciones…
Vuelves a oír lo mismo de siempre (que
en el fondo es una contradicción interna per se en estos momentos “sinodales”):
Los sacramentos son gestos
pequeños, con los que Él se nos da vivo. Dios no sabe más que dar. Vosotros
sois un sacramento con zapatos. Sois un sacramento personal. Palabras dirigidas por un obispo en una
ordenación. Al mismo tiempo dejaba claro que la vocación cristiana es la
fundamental, pero añadía esto mismo. Todos iguales, pero vosotros… “especiales”.
Sí,
todos somos un sacramento con zapatos en la medida en que todas las vocaciones
son importantes, absolutamente todas, y necesarias. Todos estamos llamados a
ser “buen pastor”, “buena pastora” para los demás. Todos estamos llamados a ser
cuidadores y cuidadoras de los demás.
Las
primeras palabras del capítulo del Buen Pastor en Juan nos recuerdan que este
cuidado no parte de nosotros sino del mismo Cristo y que, sin Cristo, este
pastoreo está llamado a la esterilidad. Para poder apacentar hemos de ser apacentados
antes por Cristo. Todos tenemos que ser dóciles al Señor y dejarnos configurar
en su imagen para poder ser pastores para los demás.
Cristo
es la Puerta: es la condición para poder acceder al pastoreo. Sin Cristo
nos vendemos a nosotros mismos, nos colocamos delante y lo obscurecemos.
Cristo es el único que puede apacentar y guiar y dar vida plena, los demás
somos instrumentos allí donde Dios quiera colocarnos.
La
condición para pastorear bien es la identificación con Cristo: ceder
nuestro protagonismo a Cristo, ir a la fuente del conocimiento de Cristo: el
evangelio y el encuentro personal con él, ayudándonos de los que ya han realizado
este camino.
¿O
es que un San Juan de Dios no es un pastor o una Teresa de Jesús una excelente
pastora, o una madre de familia que da vida, o una catequista, o un buen
Obispo, o un buen alcalde, o un profesor entregado a los demás…?
Yo
ya he escuchado a muchas personas decir que cuando se pide por el aumento de
las vocaciones se pierde quizás de vista que el hecho de que disminuyan igual
es un signo de los tiempos… lo mismo la Iglesia ha de reinventar los
ministerios o abrirlos a los demás o generar otro tipo de estructuras de
servicio y de organización… lo que es un culto a la ley y una medida
antievangélica es permitir que haya
comunidades que no celebren la Eucaristía por falta de presbítero habiendo
hombres casados y mujeres dispuestas a ello…
Que
todos seamos “sacramento con zapatos”, todos. Que pasemos por el encuentro
con Cristo, que eso es pasar por la puerta, que Dios nos ayude a ser para los
demás sacramento viviente, es decir, lugar de encuentro entre Dios y los
hombres, lugar donde se curan las heridas, especialmente de los más destrozados
y vulnerables.
Feliz
Lunes. J.A.
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