El buen pastor da su vida por las ovejas

 

El próximo domingo celebraremos el Domingo del Buen Pastor. La imagen de Cristo resucitado y vivo entre nosotros como el Buen Pastor es evocada por la liturgia pascual este IV domingo de Pascua.

Si me he animado a escribir este comentario con tanta antelación es por la muerte de un sacerdote de granada cuya misa de exequias volverá a celebrarse mañana en Granada.

Hablo de Felipe, sacerdote de la diócesis de Granada. Murió el segundo domingo de Pascua y su despedida fue como su vida: una señal de entrega a Cristo y al Pueblo. Vivió absolutamente desapercibido para la gente “importante” de estos mundos… pero no para la gente sencilla y humilde que es la que ha dado testimonio en su entierro. En su funeral ha sido aclamado por el pueblo sencillo y ha unido (algo propio de un buen Pastor) a todos los curas de un estilo u otro junto con el Obispo.

En el momento de la misa de funeral se cumplían las palabras del evangelio de Juan: “las mías me conocen a mí”. Su muerte congregó a muchos feligreses de las distintas parroquias por donde había pasado haciendo el bien y a muchos presbíteros. El propio obispo llegó a reconocer que “había más sacerdotes que en la misa Crismal”.

Ahora que se avecinan cambios, cuando se produzca el momento de esperar relevos, estaría bien recordar las palabras del mismo Jesús que las aplica a él mismo y que nosotros las aplicamos a aquellos que han recibido la misión de pastorear al Pueblo de Dios.

Las ovejas escuchan la voz del Buen Pastor y la reconocen. Jesús camina delante de las ovejas (Jn 10, 4). La Puerta de acceso al redil es Cristo y ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia. Lo contrario al Pastor es el ladrón que viene a robar, matar y destrozar. Jn 10,10. El Buen Pastor llama a las suyas por su nombre y las saca Jn 10, 3.

El Buen Pastor no es un asalariado, no es un funcionario. Al funcionario no le importan las ovejas. El asalariado cumple y marcha rápido a sus cosas, no dando la vida por sus ovejas. El resultado es que las ovejas acaban dispersándose ante la amenaza del lobo. El que es Buen Pastor vela por las ovejas tanto o más que por su propia vida y ante la amenaza del lobo llega a exponer su propia persona. Jesús da la vida “voluntariamente” no de forma forzada Jn 10, 18.

A este Pastor le importan todas las ovejas, incluso las que no pertenecen oficialmente al rebaño “porque tengo otras ovejas que no pertenecen a este rebaño; a ésas tengo que guiarlas para que escuchen mi voz y se forme un solo rebaño con un solo pastor” Jn 10, 16. El buen Pastor no excluye a nadie porque no puede permitirse que se pierda ninguna de las ovejas de su rebaño. Le importan mucho las ovejas alejadas del rebaño.

Pero todas estas actitudes del Buen Pastor: el caminar delante de las ovejas, el conocerlas a cada una por su nombre, el no ser un asalariado, el defenderlas del lobo, el entregar la vida voluntariamente, el preocuparse por las ovejas que no pertenecen al rebaño “oficial”, … sólo puede cumplirlas Jesús y aquel pastor (persona encargada especialmente de los hermanos, hombre o mujer) a quien Jesús transforma el corazón. El sacramento del orden, los encargos pastorales, los ministerios, etc..  si no se viven en unión con el Buen Pastor acaban viviéndose a la manera del mundo: como funcionarios. Por ello la intimidad con el Señor es el único  medio para que las personas sean instrumentos en manos del que cumple a la perfección el perfecto pastoreo.

La intimidad de la oración, el trato íntimo con Cristo es el que hizo que Felipe reprodujera en su vida el ser un instrumento en manos de Cristo. La configuración con el Buen Pastor es la que hace que muchos sacerdotes, religiosos y laicos entregados a sus hermanos vivan esa entrega como un servicio al Pastor con mayúsculas y transparenten: humildad, sencillez, cercanía, entrega…

No hay un Pastor perfecto, pero sí hay gente que se abraza hasta tal punto al Señor que su vida es presencia viva de Jesús entre nosotros. Esta semana he tenido la ocasión de comprobarlo en la reacción ante la muerte de Felipe (a quien traté poco, pero lo suficiente para comprobar quién era) y la he percibido, también, ante la humildad de un sacerdote ya mayor cuya entrega, similar a la de Felipe, no deja nadie indiferente y a quien… no le preocupan las humillaciones que pueda sufrir si son para el bien de su persona y de los que tiene a su cargo.

Es una buena noticia que haya curas jóvenes como Felipe y ancianos, llenos de sabiduría, entregados hasta el último momento. Al pastor que venga a nuestra diócesis le diría que mirara bien en el redil de las ovejas que pertenecen a Cristo y, ya que el dueño del rebaño es el propio Señor, que con un tacto exquisito observe, tantee y conozca a sus encargados (sacerdotes, religiosos, seglares… ) para poder encontrar gente identificada existencialmente con Cristo y animar a todos a lo esencial: el trato personal con Cristo y con sus predilectos: los más pobres.

Un abrazo, Felipe. Reza por tus compañeros y por toda la diócesis desde el lugar del que disfrutas en el cielo.

 

            J.A.

Comentarios

Entradas populares de este blog