«He visto al Señor y ha dicho esto»
Hoy es
Martes de la Octava de Pascua. El Señor continua manifestándose resucitado a
los discípulos que lo habían acompañado hasta el final: a los apóstoles. Las
lecturas nos siguen recordando que es Jesús en persona el que “se deja ver” ( ὤφθη
Luc 24, 33 ).
Hoy le toca
el turno a María Magdalena. María fue sanada por Jesús (de ella expulsó siete
demonios), siguió al Maestro en el grupo de los apóstoles y estuvo hasta la
Cruz junto a él (cuando todos habían huido), y vio el sitio donde colocaban el
cuerpo de Jesús. María es una mujer sanada, agradecida y fiel.
Ella va la
mañana de Pascua al Sepulcro esperando encontrar el cadáver del Maestro. Su sorpresa
mayúscula es que el cuerpo del Maestro no está en el Sepulcro. Llora y ante la
pregunta de los ángeles responde: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé
dónde lo han puesto». Da por hecho que el cuerpo ha sido robado. Es el momento
en que sin reconocer a Jesús y tomándolo por el hortelano le dice que si se
ha llevado el cadáver le diga dónde lo ha puesto y lo recogerá. Jesús al
mencionar su nombre “María” le abre los ojos a lo que ella responde con la
palabra : rabbí y con el gesto de retenerlo. Jesús le pide que lo suelte porque
todavía no he subido al Padre.
Y viene el momento
del encargo de la misión: Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al
Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”». María cumple lo
mandado: «He visto al Señor y ha dicho esto». Y todos sabemos la reacción de
los apóstoles: tomar por un delirio las palabras de María.
Siento una
debilidad muy grande por la figura de María (por muchos motivos personales)
pero voy a intentar que lo que escriba siga el relato tal cual está contado,
sin pasarlo por la subjetividad.
Una mujer sanada,
agradecida y fiel: así es. Una de las personas que experimentaron en su
propia vida la salvación de Jesús y que respondieron a ella con el
agradecimiento, el seguimiento y… la fidelidad hasta el final, hasta la misma
mañana de Pascua. No es del círculo de los doce, pero ha dado la talla por
encima de los doce con diferencia. Cuando todos huyeron y lo abandonaron, ella
se mantuvo fiel al Maestro. Cuando el escándalo de la Cruz hizo que todos lo
abandonaran, ella estuvo al pie de la misma cruz. Cuando Nicodemo y José de
Arimatea dan la cara por Jesús y lo entierran, ella está presente fijándose
bien dónde colocan el cuerpo. Me recuerda tanto la fidelidad de todas aquellas
mujeres en la Iglesia que, no perteneciendo a los círculos donde se toman las
decisiones, están siempre donde deben estar (catequistas, religiosas, mujeres
sencillas, viudas, mujeres mayores…) … me recuerda tanto los que, estando en
los márgenes y siendo rechazados por la Institución, no la abandonan y siguen
anunciando al Maestro porque ese es el motivo último que los hace seguir al pie
del cañón: el amor al Maestro… , ve a mis hermanos y diles: “Subo al
Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.
Una mujer cabezona
por amor: si se ha llevado el cadáver que le diga dónde lo ha puesto y lo
recogerá. Cuando el amor llega y toca hace que las personas tocadas por él
aguanten lo inaguantable y permanezcan en pie, fieles y tocadas por el celo del
amor. Cuántas personas, como María, mujeres y otras que están excluidas de “lo
institucional” dan la cara más que los encargados oficialemente de la tarea. En
determinadas situaciones ¿dónde están los encargados? Han salido huyendo como
funcionarios… cuando huyen los asalariados, ellas y ellos permanecen y dan el
do de pecho, supliendo incluso la dejadez de los que deberían encargarse de
ello. Personas que atienden a los desatendidos, pero con amor y cariño, sin
resentimiento a los que han huido. Y con mucho celo y cabezonería.
Una mujer
enamorada de Jesús que es incapaz de soltarlo. Jesús le recuerda que no lo
atrape, ni lo retenga, pero con mucho amor: porque todavía no he subido
al Padre. Una mujer que recibe precisamente ella y no otra el encargo
de la Misión de anunciar a los doce el acontecimiento Pascual. Ella no es
vanidosa, no es varón, no forma parte del grupo de los doce, no tiene pretensiones
que superan su capacidad… no. Ella recibe el encargo gratuitamente. El Maestro
ha premiado su fidelidad ante la puerta de la tumba vacía con el encargo de la
Misión. Una Misión que no es recibida de los doce, sino directamente de
Cristo y que los doce al principio no la van a reconocer y valorar porque
van a tomarse sus palabras como propias de un delirio de mujer…
María cumple
el encargo y ya sabemos lo que pasará después… lo mismo que, muchas veces,
sigue sucediendo hoy: la fe las mujeres, de los últimos, de los sencillos…
muchas veces no es tomada en serio por los ojos de los constituidos en autoridad
porque el testimonio viene de lo que ellos consideran débil o de segunda clase…
porque muchas veces … sus ojos están nublados por las estrategias mundanas y
sus oídos cerrados a la voz del Espíritu que habla por quien quiere y como
quiere. ¿Puede ponerse vallas al Espíritu?
María: la
primera misionera de la Resurrección por encargo directo del propio resucitado.
Bendita María.
Feliz Martes
de la Semana Grande.
J.A.
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