El Espíritu lo fue llevando

 

Siempre en el primer domingo de Cuaresma, la Iglesia nos propone que contemplemos y acompañemos a Jesús en el desierto los cuarenta días en que, siendo tentado por el mal Espíritu, se preparó para comenzar su vida pública, que culminaría con su entrega en la Cruz y su Resurrección.

Jesús fue tentado por Satanás, dato que no ocultan los evangelios sinópticos y evidencia su Humanidad plena. Como Hombre es puesto a prueba sobre la forma de llevar su misión adelante. Nosotros nos sentimos impulsados a entrar en el desierto de la Cuaresma donde purifiquemos nuestras intenciones en el seguimiento de Cristo y desenmascaremos las intenciones auténticas que sustentan nuestras entregas, trabajos e iniciativas en favor del Evangelio.

En este relato tenemos varios actores importantes: El Espíritu, que es quien impulsa a Jesús al desierto, el mal espíritu y Jesús mismo.

El Espíritu que, como Jesús dijo a Nicodemo, es imprevisible, lleva a Jesús al Jordán y, ahora al desierto. El Espíritu, derramado sobre la persona del Jesús en el Bautismo, debió de considerar que no había sido suficiente con treinta años de vida oculta, donde todo fue discreción y pasar desapercibido… para mandarlo ahora al desierto, lugar donde el corazón humano de Jesús se va a aquilatar y va a quedar perfectamente preparado para la Misión. Así de imprevisible es el Espíritu… así de desconcertante… incluso hasta llevarnos a una situación donde podemos ser tentados por el mal. Ser tentados no es pecado, es humano. Como hombres estaremos hasta el final insertos en esta lucha entre el bien y el mal y en la que Jesús, también, se vio implicado.

El mal espíritu es el otro actor en este relato. Sabe que Jesús ha sido envidado por el Padre y que ha de realizar una misión, pero ataca a Jesús en su humanidad para que la misión la haga no contando con su Padre, sino a la forma humana. “Di a estas piedras que se conviertan en pan”, es decir, utiliza tus cualidades, tus posibilidades, tu persona e, incluso a Dios, en beneficio propio. “Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo”, es decir, pacta con el mal… pon tu confianza en las cosas y no en el Padre para realizar tu misión. Apóyate más en tus fuerzas que en el Padre. Pacta conmigo y “todo” será tuyo… el poseerlo todo… el abarcarlo todo, qué tentación tan actual… no soltar “nada”… Y, por último: “Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo”. La tentación del exhibicionismo en la misión: la trompeta que nos anuncia, que nos engrandece, que nos hace soberbios y capaces de despreciar todo lo que hagan los demás… el poner la confianza más en los medios y las formas que empleemos que en Dios… Hacer del medio un dios y no de Dios el medio para llevar a cabo todas las cosas. Dios es el medio perfecto: es el camino.

Jesús es el tercero en entrar en escena. Jesús moldea su corazón en el desierto en el fuego del Espíritu y, confiado en el Padre responde al tentador, sirviéndose de la misma escritura: “No solo de pan vive el hombre”, es decir, Dios es mi alimento… “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”, es decir, sólo Dios es Dios. Sólo Dios es el Centro, nadie más. Y, por último, frente a la tentación del exhibicionismo: “Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”. Sí, no tentemos a Dios… Dios tiene sus caminos que rebasan los nuestros y, para él, los medios pobres e insuficientes no sólo no son un estorbo, sino que son el lugar predilecto donde él se manifiesta y se da a conocer.

Amigos y amigas… hemos empezado la Cuaresma en el desierto… cojámonos de la mano de Cristo en medio de la prueba porque, de su mano, la victoria está garantizada. Contemplemos cómo Jesús en su vida pública supo superar estas tentaciones que son las mismas de hoy para nosotros y la Iglesia y… no nos desanimemos… el próximo Domingo subiremos al monte Tabor y al tentado lo contemplaremos Transfigurado y, volveremos a escuchar las palabras del Padre: “Este es mi hijo muy amado, escuchadlo”.

Buen Domingo

José Andrés

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