El Señor está contigo
Hoy es día de la Encarnación. Celebramos que Dios en Jesús se ha hecho uno de nosotros con todo lo que conlleva el hacerse uno de los nuestros: dolor, sufrimiento, dudas, tentaciones, frustración, búsqueda, apertura al Padre, alegrías, generosidad, solidaridad,
fortaleza, … Jesús ha llevado nuestra naturaleza humana a su plenitud (es el Hombre perfecto) porque en su interior era el Hijo predilecto del Padre (es Dios con nosotros).
Los hombres esperábamos un Mesías y un Liberador del sufrimiento y la muerte, pero a nuestra manera (que nos suele coincidir con la de Dios) y Dios al enviar al Mesías decidió ser
el propio Mesías. Dios mismo asumió en persona esta realidad al hacerse uno de nosotros.
No sólo compartió con nosotros nuestra naturaleza sino que también nos ofreció en su forma de actuar y obrar el camino a seguir para que nuestra naturaleza se eleve y podamos, por su muerte y resurrección, participar ya plenamente aquí de la vida definitiva que nos tiene garantizada.
Todo esto sucedió gracias al sí de una mujer sencilla: María. Ante el anuncio del ángel, a ella no le interesa conocer el por qué y el cómo de los planes de Dios, sino, simplemente, saber qué quiere Dios que ella haga: hacer su voluntad.
Para cumplir la voluntad de Dios nos basta con conocer qué quiere de nosotros… pero nada más. No nos incumbe preguntar. Los caminos, la forma, el fin… sólo lo sabe Él.
Ahora que nos acercamos a la Semana Santa imaginemos por un momento la situación de María en la Cruz cuando recordara el anuncio del ángel y qué estaba sucediendo realmente
en ese momento:
“Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”.
Por favor, amigos… no nos escandalicemos de la Encarnación. María ante la cruz si repasó esas palabras… al ver a su Hijo destrozado… sólo pudo conservar la misma fe que ,manifestó al decir: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra».
La mañana de Pascua traería la Resurrección de Cristo y esa victoria daría luz a todo ese camino “aparentemente de fracaso”. Dice san Ignacio que, aunque no lo cuenten los evangelios, es de suponer que María recibiría a su Hijo Resucitado la mañana de Pascua.
El camino de cuaresma nos señala a un Mesías débil, pobre, entregado a la muerte por nosotros y la Pascua nos lo presenta resucitado. Necesitamos aceptar las dos realidades: Cruz ,y Resurrección: sin una de las dos el cristianismo está manco.
Mientras tanto, hagamos como María: aceptemos plenamente la Humanidad de Cristo, sigamos adelante confiados en que la última palabra la tiene Dios y que lo nuestro es “ser ,pobres siervos que sólo hemos hecho lo que debíamos hacer”.
Ojalá la Iglesia y cada uno de nosotros encarnemos al Señor en medio del mundo. Ojalá no nos avergoncemos de la Cruz.
Feliz Encarnación.
José Andrés
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