La
muerte en ti no manda
Esta Cuaresma, queridos amigos y amigas, quiero empezarla
desde el final del Camino Cuaresmal, que es un Camino Bautismal: desde el punto
de llegada donde nuestro corazón saltará de gozo cuando escuchemos el anuncio
de que el profeta de Nazareth, que andaba por los caminos, curaba a los
enfermos y hacía prodigios… el que hablaba en parábolas de un Reino que ya
empieza aquí y ahora, aunque llegará a su plenitud en el momento final… HA
RESUCITADO… DIOS LO HA LEVANTADO DEL SEPULCRO.
Esta alegría pascual nos pone en marcha en este tiempo
que llamamos Cuaresma. No es para nada un tiempo de perfeccionamientos, de
mortificaciones, de lamentos y de sangre… NO… no es un tiempo para
autocomplacerse en el perfeccionamiento narcisista. Es un tiempo para descubrir que Jesús que fue
maltratado, crucificado y que dio la vida por nosotros está vivo en la Historia
y en el Cosmos. Que, precisamente porque vive, todas sus palabras están
llenas de vida y acogerlas y vivirlas nos transforman y llenan de plenitud a
todos.
Su vida, entregada fue no sólo fuente de VIDA sino que su cuerpo
glorificado con esas benditas llagas provocadas por odio y venganza, pero transformadas
por el Amor, es señal visible para los apóstoles de que el Padre no lo ha
abandonado y que vive para siempre con nosotros, actuando a través del
Espíritu. Su mesianismo que aparentemente es fracaso e inutilidad… es el camino
que Dios quiere. Sus enseñanzas, que tomadas en serio, parecen parece de poca
fuerza e inútiles… son el camino que Dios quiere.
Ese Jesús lleno de vida, glorificado, llena de sentido la Encarnación,
su entrega, los signos realizados, las palabras pronunciadas, la humanidad
profunda del profeta de Nazareth. Un profeta que en la mañana de Pascua se muestra
a María Magdalena y a Pedro y los demás apóstoles para ayudarles a superar
definitivamente el miedo y abrir una brecha entre esta vida y la otra al
mostrarse vivo ante ellos.
Pongo mucho énfasis en esta realidad pascual porque, por
desgracia, detrás de muchas interpretaciones de los textos, se “interpreta” y
se “le da vuelta a la tortilla” a lo obvio: los apóstoles llenos de miedo y temor
nunca se hubieran lanzado a la misión si no hubieran experimentado algo extraordinario,
que no fue ni sugestión, ni simbólico (eso NO lo dicen los textos), se embarcaron
en una empresa en la que derramaron su propia sangre porque lo vieron vivo y el
sepulcro quedó vacío.
Por eso Jesús le dice a la Samaritana: soy el AGUA…
yo soy el que calma la sed que tú tienes de plenitud, soy el que en medio de
tus dudas y errores estoy para darte la oportunidad que tu corazón necesita:
para saciarte.
Y si nos da esa agua que nace como un torrente desde
nuestro interior hasta la vida eterna… nos da la LUZ. Jesús es la luz
que nos saca de nuestra ceguera y nos abre a la realidad que compartimos con
todos los hombres y mujeres tenga fe o no… pero iluminándola… La realidad y la
vida para nosotros no puede ser sólo lo que vemos… es mucho más porque es iluminada
por Él.
Y, por último… nos recuerda no sólo que nos da vida sino
que él es la VIDA… en la resurrección de su amigo Lázaro nos muestra que
él es el único que puede sacarnos de nuestros sepulcros y llevarnos a la Vida
que nunca termina. Ese darnos vida ya lo hace aquí en cada realidad que vivimos
y compartimos y es garantía de la que nos dará al final del camino personal de
cada uno de nosotros con la Vida Eterna.
Luz, agua y vida… los tres signos y realidades que
celebraremos en la Vigilia Pascual en la que renovaremos nuestra condición de
bautizados y diremos de nuevo SI al Resucitado para seguir dar la vida,
seguir dando la vida como él la dio. Sabemos que la vida dada como tú la diste,
en cada una de nuestras realidades no se puede perder… es semilla aquí de Vida Eterna.
Perdonad este empezar por el final del camino, pero eso es
lo que da sentido a este camino cuaresmal en que volveremos a lo más importante
de nuestra fe y en el que renovaremos progresivamente nuestro seguimiento de Cristo.
Nuestra fe es “apostólica”, tiene su fundamento en la experiencia de los
apóstoles.
Se prohíbe el aleluya y se intensifica el silencio y la
austeridad… cierto, vamos a celebrar algo grande y la Iglesia nos va a invitar
en el evangelio de este miércoles de ceniza que la oración, el ayuno y la
limosna, que hemos de vivirlas con el estilo del maestro: la discreción y la
autenticidad: nada de exhibicionismos… Dios mira el corazón.
Volvamos a ese interior donde se encuentra el Resucitado y
cogidos de su mano iniciemos el camino que nos lleva, pasando por la cruz y el
fracaso, a la victoria de la Pascua.
Feliz inicio de Cuaresma, feliz, porque desde ya podemos
decir: ¡Verdaderamente ha resucitado del Señor! ¡Aleluya!
Comentarios
Publicar un comentario