Se retiraron a su tierra por otro camino

 

Llegamos a la celebración de la segunda fiesta más importante dentro de la Navidad: la Epifanía del Señor. La palabra Epifanía es una palabra que proviene del griego y se puede traducir como “manifestación”. Epifanía será también el Bautismo en el Jordán, las bodas de Caná, la multiplicación de los panes y peces…

El que escribe esto no es un licenciado en Teología (no llegó a terminarla, pero el evangelio de Mateo sí que lo estudió), no es un experto en Sagrada Escritura, no pertenece a ningún gremio “singular” dentro de la Iglesia… es un seglar que, preocupado por conocer el sentido del texto evangélico, ha leído, estudiado, contrastado y escuchado… con la gran suerte de haber encontrado a quienes leen el texto tal como suena y que lo pueden leer, como yo por mi profesión, en el griego original en que se encuentra escrito.

Lo que he afirmado en el párrafo anterior lo digo por lo siguiente: hay un día  en que, abandonando nuestra inocencia infantil, descubrimos que los Reyes eran nuestros padres, y hubo un día en que escuché, aceptando la posibilidad, pero sin otro criterio, que el relato de los Magos fuera una invención de Mateo que intenta cuadrar todas la profecías… pero, gracias a Dios, ha habido otro día en que leyéndolo tal cual suena y teniendo en cuenta seriamente lo que allí se dice: me he vuelto tan inocente y crédulo como los Magos y lo creo.

El texto nos habla de unos Magos de Oriente que, siguiendo una estrella, han salido de Oriente y acuden a adorar al niño. Con esta inocencia se presentan ante el rey Herodes que se sobresalta y, habiendo convocado a los Sumos Sacerdotes y Escribas, intenta informarse de mala fe dónde ha nacido el Mesías y, aprovechándose de la ingenuidad de los magos, intenta averiguar a través de los ellos, dónde está el niño para no ir a adorarlo precisamente, sino todo lo contrario. La estrella, que desapareció hasta llegar a Jerusalén, volvió a aparecer hasta guiarlos al niño. Ellos acudieron hasta donde se encontraba el niño, cayendo de rodillas lo adoraron y le ofrecieron sus dones: oro, incienso y mirra. Advertidos de que Herodes no era de fiar, volvieron a su tierra por otro camino.

El texto nos habla de un grupo (Herodes y toda su corte), que permanece inmóvil en sus convicciones y que no acepta no haber sido informado antes que los Magos de dónde ha de nacer el Mesías. Además, ven en el Mesías-Rey una grave amenaza contra el poder establecido. La forma de defenderse es retorcida y sibilina: utilizar a los Magos para que ellos averigüen todo lo necesario y poder actuar “eliminándolo”. Herodes no puede ni imaginar cómo es el mesianismo de Jesús, desde la sencillez y la humildad. Este grupo representa al pueblo judío, cerrado a un mesianismo universal. Representa también a cada uno de nosotros cuando nos creemos en posesión de la verdad absoluta y cerramos el paso al diferente, que nos habla, también, de Dios.

Frente a este grupo excluyente y soberbio aparecen tres Magos venidos de Oriente, ingenuos y con buen corazón y abiertos a la novedad. Animados a seguir la Estrella, los pone en movimiento hasta llegar al Señor. Son flexibles en sus ideas y están abiertos a encontrar al Mesías en una casa humilde, encontrándolo con María y José. Este grupo representa a todos los pueblos hacia los que se extiende no exclusivamente la salvación. Dios se va a poner de parte de los Magos y los va a ayudar, avisándolos de que Herodes no es el que se pensaban y haciéndolos regresar por otro camino. Su buen corazón y su limpieza de corazón los hace expresarse ante Herodes con naturalidad.

De nuevo Dios realiza las palabras del Magnificat derribando del trono  a los poderosos y exaltando a los humildes. Derriba del trono a los que se creen merecedores de la salvación y revelación de forma exclusiva y enaltece a los humildes, sencillos y hasta ingenuos como los Magos.

Hoy es un día para agradecer a Dios que la salvación sea para todos los pueblos, que sus planes desborden a los que se creen merecedores, en exclusiva de la salvación, que Dios se manifieste absolutamente a todos, sin exclusiones.

Hoy es un día para pedir esa sencillez e incluso ingenuidad de los Magos y esa disposición para seguir “nuestra estrella” que nos lleve hasta Jesús. Hoy es un día para no reaccionar con una actitud excluyente hacia otros pueblos, grupos sociales, personas que desde la periferia de la Iglesia son guiados por el Espíritu hasta el Señor. Para no rechazar a los que, estando dentro de la Iglesia, como uno más, aportan aquello que el Espíritu les sugiere.

Hoy deseo que las circunstancias de cada uno de nosotros sean, en manos de Dios, la Estrella que nos guíe hasta el Señor.

 

Feliz Epifanía del Señor

José Andrés

Comentarios

Entradas populares de este blog