Salve, Sancta Parens
¡Salve, Santa Madre de Dios! Con este título mariano celebramos la octava de Navidad y el comienzo de este año nuevo, el año 2022. La Octava de Navidad culmina con esta solemnidad que celebra la Maternidad divina de María.
El papa Francisco nos regaló en la tarde de ayer y esta mañana una reflexión sobre el misterio de la Navidad y la Maternidad de María que es una auténtica joya y que deberíamos tener muy en cuenta al comenzar el año. Os animo a leerlo completo. Al hilo de la palabra de este día, voy a evocar aquello que me ha resultado especialmente significativo.
En la celebración de las primeras Vísperas y el Solemne Te Deum en la que el papa “no” presidió, sino que asistió como uno más (lo presidió el Decano del Colegio Cardenalicio, el cardenal Re), sí que pronunció la homilía y nos dijo:
“La Madre nos devuelve a la realidad, a la verdad de la Navidad, que está contenida en esas tres palabras de San Pablo: "nacido de mujer" (Gal 4,4). El asombro cristiano no procede de los efectos especiales, de los mundos fantásticos, sino del misterio de la realidad: ¡no hay nada más maravilloso y sorprendente que la realidad! Una flor, un terrón de tierra, una historia de vida, un encuentro... El rostro arrugado de un anciano y el rostro recién florecido de un niño. Una madre sosteniendo y amamantando a su hijo. El misterio brilla ahí.”
Nos recuerda Francisco que. desde esta forma de actuar Dios, no hay nada más sorprendente y maravilloso que la realidad y que el asombro cristiano y el cristianismo no procede de los efectos especiales, de los mundos fantásticos, sino del misterio de la realidad: la realidad ha sido transfigurada definitivamente por Dios al hacerse uno de nosotros y compartir plenamente nuestra naturaleza hasta los detalles que más pudieran escandalizarnos.
En el seno de una mujer Dios y la humanidad se han unido para no separarse nunca más. Jesús vive en la carne que ha tomado de la Madre. Esta nueva humanidad se ha gestado en una Madre. No hay salvación sin la Madre. María es Mujer y Madre que ha tejido la Humanidad de Dios.
Este escándalo de humildad y sencillez sale a nuestro paso cada día cuando en medio de la realidad choca nuestra fe con las dificultades que vamos encontrando. También María nos enseña la actitud que debemos tener ante este choque entre una fe infantil y una fe madura:
“Aprendamos de la Madre de Dios esta actitud: conservar meditando. Porque hay ocasiones en que también nosotros tenemos que sobrellevar algunos “escándalos del pesebre”. Tenemos la esperanza de que todo va a salir bien, pero de repente cae, como un rayo de la nada, un problema inesperado. Y se crea un conflicto doloroso entre las expectativas y la realidad. Pasa también con la fe, cuando la alegría del Evangelio es puesta a prueba por una situación difícil que nos toca atravesar. Pero hoy la Madre de Dios nos enseña a sacar provecho de este choque. Nos descubre que es necesario, que es el camino angosto para llegar a la meta, la cruz sin la cual no se resucita. Es como un parto doloroso, que da vida a una fe más madura.
Pero, ¿cómo realizar este paso?, ¿cómo superar el choque entre lo ideal y lo real? Actuando, precisamente, como María: conservando y meditando. María, en primer lugar, conserva, es decir, no desperdicia. No rechaza lo que ocurre. Conserva en el corazón cada cosa, todo lo que ha visto y oído. Las cosas hermosas, como lo que le había dicho el ángel y lo que le habían contado los pastores. Pero también las cosas difíciles de aceptar, como el peligro que corrió por quedar embarazada antes del matrimonio y, ahora, la angustia desoladora del establo donde tuvo que dar a luz. Esto es lo que hace María: no selecciona, sino que conserva. Acoge, no trata de camuflar la realidad, de maquillar la vida. Conserva en el corazón.”
Y María es modelo para la Iglesia que es Mujer y Madre. Que debe ser Madre. En este sentido el papa ha añadido unas expresiones preciosas en este momento de Sinodalidad y de tensiones, todo un guiño que nos enseña la actitud a tener:
“María une las cosas hermosas con las feas, no las mantiene separadas y, por esto, María es la Madre de la Catolicidad . María es católica porque une y no separa. En su corazón de Madre acepta el plan de Dios que pasa por la humildad… acoge el entramado divino en la dificultad. Es una mirada INCLUSIVA que supera las tensiones, conservando y meditando en el corazón: la mirada de las madres que no separan las cosas, sino que las conservan y así crece la vida… la mirada que no se paraliza ante los problemas sino que los coloca ante un horizonte más amplio… así hasta el calvario, meditando y conservando… Las madres saben infundir paz, transformando las dificultades en oportunidades…
Necesitamos personas que sean capaces de tejer hilos de comunión que contrarresten los alambres espinados de las divisiones, Esto las madres lo saben hacer. La Iglesia es mujer y Madre. La Iglesia debe tomar, como María, la humanidad de sus hijos.”
Que María nos ayude a mantener ese gesto de conservar en el corazón lo bueno y lo malo. No nos dejemos impresionar ni por una cosa ni por la otra. Dios está presente en lo bueno y en las dificultades. Ni lo bueno se nos ha de subir a la cabeza, ni lo malo debe desalentarnos. Como María, pasemos por el filtro del Espíritu la realidad para que tanto en una situación como otra siempre la ilumine.
Feliz 2022
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