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Mostrando entradas de junio, 2022
  Sígueme   Retomamos los domingos de tiempo Ordinario. En este domingo se nos presenta el tema de la llamada, la vocación y el seguimiento.           Si leemos el evangelio atentamente y tal cual suena, Lucas nos recuerda que en la subida a Jerusalén se producen varias circunstancias de “llamadas” y “misión” que bien nos pueden servir de referencia y catequesis para cada uno de nosotros. Cuando hablo de “vocación”, por supuesto me refiero a la misión particular a la que cada uno de nosotros somos llamados por Dios en nuestra condición de bautizados, sea la que sea.           Primero nos encontramos el rechazo al anuncio del evangelio por parte de una aldea de samaritanos. Santiago y Juan, indignados, advierten al Maestro de la reacción y le proponen que sean castigados por su negativa a acogerlos, haciendo caer fuego del cielo. Jesús les reprende. Ante la negativa a acoger el anuncio d...
  No podéis cargar con ellas por ahora   Llegamos a la primera de las solemnidades del Tiempo Ordinario a la que se sumará, en breve, el Corpus y el Corazón de Jesús. En ella celebramos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Una fiesta en la que además celebramos el día de la vida contemplativa, la jornada pro orantibus .   Hay realidades que merecen ser contempladas antes que explicadas y vividas antes que comprendidas: el amor, la entrega… y un largo et cetera de vivencias que son precisamente las más importantes de nuestra vida.   Básicamente la solemnidad nos recuerda a un Dios Padre que entrega a su Hijo, hecho hombre como nosotros, y envía a este Hijo el Espíritu, el mismo que nos acompaña y nos hace ser hijos en el Hijo por el Bautismo y la intimidad con él. Pero, dejando a un lado estas cuestiones que la Teología intenta explicar de una forma u otra… quizás debamos aprovechar que hoy se celebra precisamente el día de la vida contemplativa para enten...
  Sopló sobre ellos             A los cincuenta días de la Celebración del núcleo de nuestra fe (la Resurrección de nuestro Señor) hoy celebramos el don de la Pascua: el día de Pentecostés.             El don, el regalo, de la Pascua: el mismo Espíritu Santo que se nos ha sido ya dado plenamente por la muerte y la Resurrección de Jesús y que se ha derramado sobre ese humilde y temeroso grupo de los apóstoles que “reunidos todos juntos” junto con María, reciben el gran regalo del Padre: El Espíritu Santo.             Este regalo hace nacer la Iglesia porque,   así como el Espíritu fecundó en la Encarnación las entrañas virginales de María, así el día de Pentecostés y hoy, fecunda las entrañas virginales de la Iglesia, nuevo Cuerpo místico de Cristo.          ...